Comprendiendo las formas sutiles y evidentes de abuso y presión en el deporte y en la vida
¿Qué es el abuso en el entorno deportivo?
El abuso no siempre es evidente ni deja marcas físicas. Con frecuencia se manifiesta de formas sutiles que terminan afectando la autoestima y la salud mental del atleta. Se refiere a cualquier conducta que, dentro de una dinámica de poder, busca intimidar, humillar o explotar al deportista. Investigaciones recientes demuestran que estas prácticas están profundamente arraigadas en las estructuras deportivas a nivel mundial. Un estudio publicado en 2025 reveló que el 37,8 % de los atletas experimentó abuso psicológico, mientras que el 40,3 % reportó haber sufrido negligencia por parte de sus entrenadores [1].
Las formas de abuso que hemos normalizado
Es fundamental identificar las diferentes formas que puede adoptar la violencia en el deporte, las cuales van mucho más allá del maltrato físico evidente:
Abuso psicológico y emocional: Quizá el más común y el más difícil de detectar. Incluye ridiculización constante, insultos disfrazados de «crítica constructiva», amenazas de perder oportunidades y el aislamiento del atleta. Los comentarios despectivos sobre la imagen corporal, el talento o la capacidad técnica no son herramientas de enseñanza, sino formas de violencia.
Explotación y negligencia: Ocurren cuando se aprovecha el deseo de aprender y superarse del atleta para exigir sacrificios económicos, profesionales o personales que no corresponden a la práctica deportiva, o cuando se ignoran deliberadamente sus necesidades básicas de descanso y recuperación.
Violencia sexual: Incluye desde comentarios inapropiados y lenguaje con connotaciones sexuales hasta el contacto físico sin consentimiento. Con frecuencia, estas conductas se disfrazan de «bromas» o «costumbres del entorno». Según datos de la UNESCO, el 21 % de las atletas y el 11 % de los atletas informan haber sufrido al menos una forma de abuso sexual durante su infancia en el ámbito deportivo [2].
| Tipo de abuso | Prevalencia reportada | Manifestaciones comunes |
|---|---|---|
| Psicológico | 37,8 % de los atletas [1] | Ridiculización, amenazas, aislamiento e insultos. |
| Negligencia | 40,3 % de los atletas [1] | Ignorar lesiones, privación del sueño y falta de apoyo. |
| Sexual (mujeres) | 21,0 % de las atletas [2] | Contacto sin consentimiento y comentarios inapropiados. |
| Sexual (hombres) | 11,0 % de los atletas [2] | Contacto sin consentimiento y lenguaje con connotaciones sexuales. |
| Físico | 9,4 % de los atletas [1] | Golpes, castigos físicos excesivos y entrenamientos punitivos extremos. |
El mito de la presión: ¿Es necesario el maltrato para ganar?
Existe una creencia profundamente arraigada y equivocada: la idea de que, para formar a un campeón, es necesario llevarlo al límite emocional mediante insultos o humillaciones. Se argumenta que esto «prepara al atleta para la presión de la competencia». Nada más alejado de la realidad. La verdadera fortaleza mental se construye desde el respeto, la confianza y el acompañamiento técnico. El maltrato no genera resiliencia; genera trauma, inseguridad y, en muchos casos, el abandono prematuro de una carrera prometedora. De hecho, la UNESCO advierte que el 49 % de las mujeres jóvenes abandona el deporte durante la adolescencia, una tasa seis veces mayor que la de los hombres, motivada en gran medida por la falta de entornos seguros y de modelos a seguir [2]. Ningún resultado deportivo justifica la pérdida de la dignidad humana.Cuando el silencio se convierte en trauma
El impacto del abuso en el deporte trasciende la pista o el campo de juego. El daño emocional puede convertirse en traumas profundos que afectan la capacidad de confiar en los demás y generan una sensación permanente de inseguridad.
La literatura médica actual subraya la gravedad de esta situación. Una revisión de la literatura publicada en 2024 indicó que la prevalencia de los problemas de salud mental alcanza el 50 % en los atletas de élite, destacando los trastornos de ansiedad (56 %) y depresión (48 %), además de los problemas del sueño [3].
Muchos atletas permanecen en silencio por miedo a represalias o debido al estigma asociado con buscar ayuda.
Es fundamental comprender que el abuso nunca es responsabilidad de quien lo recibe. Romper el silencio es el primer paso para establecer límites y recuperar la propia voz.«Los casos de acoso y abuso ocurren en el deporte… Las investigaciones indican que los atletas con discapacidades tienen un riesgo aún mayor de sufrir estas formas de violencia.»






